Regalo de un mala-bardista.
Desde chiquita escucho música. Mi papa me crió en una casa llena de chamame, rock nacional e internacional, folklore, y etcéteras. Durante años mis hermanos y yo, junto con mama, elegimos los intérpretes infantiles. Armábamos coreografías, nos grabábamos cantando y otras cosas. Ya entrada en mi adolescencia elegí la radio, mi fiel amiga. Escuchaba de todo, pero siempre limitada a una sola estación. Con las locuras adolescentes vino la manía de la música rockera-pesada-emo-dark-vaya a saber Dios que, de lo que estoy segura es de que era solo una corasa, nada mas lejos del “gustar”. Entrando en mi juventud descubrí un mundo muy grande. Un mundo que vaya a saber uno por que, cuando es chico no se imagina. La música es algo hermoso que me llena el alma. Si la vida fuera una torta, la música seria el chocolate, la crema y el dulce de leche. Escucharla es excitante, pero hacerla, aun mas.
Me gusta juntarme con gente que sabe disfrutar de la vida, que disfruta de los amigos, de las cosas chicas y grandes, que busca estar rodeada de verde, que ame la música, que sea sabia pero humilde, gente que aprendió con sus errores, gente que me hace bien y me quiere. A veces la vida te pone junto a personas que no cumplen con ninguno de esos requisitos, y es ahí cuando le pregunto a Dios, ¿Qué queres de mi con esto? Somos un instrumento de El, no tengo dudas de eso.
Me di cuenta que le tengo cierto respeto al mar. Su inmensidad me hace sentir chiquita. Me encanta la montaña, el río, los montes, todo, todo. Pero el mar es el mar. Nada más lindo que mojarte los pies en su agua. Nada más lindo que tratar de adivinar donde termina y darte cuenta de que no tiene fin. Solo tiene principios, muchos principios. Abraza la tierra y desde la tierra lo matamos. Hay amores que matan, dicen. Pero, ¿Quién matara a quién primero?
Soy adicta, adicta a muchas cosas. Dios, naturaleza y viajes. Viajes. Nada mas lindo que trabajar para viajar. En este momento de mi vida no estoy interesada en viajar a lugares como Paris, Inglaterra, Cancún, ni ninguno de esos lugares que tienen un nombre con una mochila de prestigio mas grande que lo que podes vivir ahí. América es mi sueño. Conocer cada rinconcito, cada persona. Amo disfrutar de la gente, conocerla, hablar, saber que podes contar con ellos cada vez que la vida te da el regalo de volver. La gente del interior es confianzuda, te dan la mano, la casa, un abrazo y vaya a saber uno que otras cosas mas. Conocer gente así llena el alma y abre la mente. Amo conocer paisajes nuevos y costumbres distintas a las mías. Viajar sin saber donde vas a dormir ni que vas a comer, solo disfrutar el momento. Mas allá de todo lo que viajar implica, creo que lo mas lindo es volver. Encontrarse con tu gente y sentir que uno cambio, siempre y cuando sea para bien, claro esta. Sentir que no sos el mismo, que aprendiste, que tu mente se abrió dos centímetros, eso es hermoso. Llevarle a los afectos una pizca de lo que viviste es reconfortante. Siempre y cuando edifique y no busquemos alimentar su envidia.
Dando clases me di cuenta de la poca tolerancia que tenemos como argentinos. Intolerancia a lo indiferente, a lo extraño, a lo incomprendido, a muchas cosas. Nuestro país es una gran ensalada de razas, una rica ensalada de colores. Pocos quedan ya con descendencia pura de pueblos originarios. Descendientes de italianos, españoles, alemanes, etc nos rodean, me incluyo: una pizca grande de tano con una pizquita de toba y mucho amor son mis ingredientes básicos. Me encantan las culturas originarias. Encontrarme con alumnos que no sienten lo mismo que yo me hizo parar en un lugar que nunca pensé defender. Que difícil es. Mi sueño es viajar a Bolivia. Pocos me entienden, pero se que parte de mí está allá.
La operación de mi mamà vino con algunas cosas más que dolores y malestares. “Señora, un mes de reposo tiene” Oh, oh. Sí, claramente: problemas. En casa viven mi papá, mi hermano, mi hermana y yo. Mis primeros días como ama de casa tuvieron algunas víctimas fatales. En dos días rompí un vaso, una plancha y quemé una prenda interior. Siempre desvaloricé el trabajo que hacía mi mamà en casa. Ahora entiendo el valor que tiene y el esfuerzo que hay que hacer para que todo funcione correctamente. Ser ama de casa es un trabajo como cualquier otro, ya no me quedan dudas. Gracias ma.


